-¿Qué ha sido de la niña del chubasquero verde?- preguntó una voz ronca.
A su respuesta acude la de un anciano burlón- No sé, hace años que no se la ve-.
- ¿¡Estáis ciegos!?, hace unos días la vi girar la esquina, su chubasquero estaba bastante rasguñado, pálido e incluso me atrevería a decir que agujereado... ese chubasquero, si hablara, tendría mucho que contar. - argumentó el tercer anciano que también disfrutaba de una tarde grisácea en el portal.
- Yo diría que estáis todos completamente ciegos, incluido tú, abuelo; la niña del chubasquero verde, gira cada atardecer esa esquina, lo ha estado haciendo con un grueso y largo abrigo negro y da la sensación de que es impenetrable, ni el más mínimo suspiro de aire lo traspasaría para rozar su endeble cuerpo...-.
- Vaya chico, cualquiera podría afirmar que a su paso, tus párpados se niegan a pestañear- observó la voz ronca.
Una leve sonrojez reinó en el joven.
-¿Por qué, por cambiar de abrigo? ¡vaya una tontería!- balbuceó el viejo burlón entre risas.
Con el ceño fruncido y la mirada fija en su propia imaginación, el joven le contestó: - No, no está enamorada, mejor aún, ha vuelto a ser valiente y a creer, está preparada para cualquier cosa, le da igual si le desquebrajan su chubasquero, aún quedando cuatro hilos verdosos, tras ellos ya no habrá un cuerpo endeble...- .
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