Agitación de personas, bullicio de risas, murmullos, susurros, pasos... un calor sofocante y con un estruendo procedente del escenario hace encender el silencio a toda la multitud.
Me posiciono en mi fila, todo se oscurece, los focos se encienden, se aproxima la gran actuación... y yo... me dedico a buscarte entre el gentío, ante miles y miles de personas, minutos después guitarras, piano, platillos, tambor... comienzan a sonar y para todos el espectáculo ha comenzado, mientras que para mí el espectáculo comienza en el momento en que te diviso entre la muchedumbre.
Y ahí estás, unas filas tras de mí, sonriendo con tus ojos brillantes llenos de emoción y tu cuerpo... tu cuerpo no deja de vibrar de intensidad. Me contagias tu sonrisa, tu brillo y esa vibración apiñada de nervios.
Canciones que un día fueron nuestras suenan de fondo, sigo abstraída por ti, lo demás me es insignificante.
El espectáculo está a punto de acabar y tú enloquecida besas al idiota que nos separó... acaba el espectáculo... acaba mi espectáculo, se apagan los focos... se apaga mi corazón
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