Aterricé de nuevo en mi ciudad, estaba nerviosa, después de ese tiempo de desconexión para mí sola, ahora me tocaba reencontrarme con todo, con todo lo que echaba tanto de menos.
Estaba tan cansada que me dirigí a la máquina de café y mientras cogía aquel café ardiendo, alguien me besó el cuello con tanta delicadeza que vibré tanto que derramé el líquido sobre mi chaleco azul. [ era ese beso inconfundible que tanto anhelé ]
Me giré y era ella, mi niña, que estaba murmurando miles de perdones por haberme derramado el café encima...y yo mientras tanto estaba tan atolondrada por su presencia que no noté el ardor de ese líquido que ya había alcanzado mi piel y sin más la abracé.
Se sentó y empezó a decirme que por qué me fui sin despedirse y por tanto tiempo, que lo había pasado fatal y que cuando se enteró que regresaba no lo pensó dos veces y vino. Me dijo que se había dado cuenta de que me quería, pero derrepente empezó a llorar y a decirme que no quería nada conmigo que yo a ella no la quería porque no le demostraba nunca mi amor y que se sentía inútil queriendo a una persona que no le corresponde.
Entonces yo, me incliné para mirarle a los ojos y le solté que la amaba más que nadie ha podido amar a nadie, que me fuí POR ELLA, que a cada momento que viajé no paré de pensar que podría estar a mi lado para compartir tanta maravilla...que me fui para así poderle entregar más cosas, diferentes calores, no solo el de nuestra ciudad, sino el calor de todo el mundo.
Qué sensación tan mágica: Ella hablando como loca mientras tú sólo observas sonriendo y con los ojos enormes cada uno de sus movimientos.
ResponderEliminar^^
me gusta este texto...esta genial xD
ResponderEliminarA.