Anoche, de madrugada, me tragué una serie en la que una chica era besada por otra y comenzaba a sentir, sentir unos no se qué a los que no le faltaba nada, les sobraba miedo.
Las cuatro y cuarenta y cuatro marcaba mi despertador, seguía sin apenas poder respirar, aquella chica tuvo el miedo que aún sigo teniendo yo, y por más que lo intento no se va… No es solo miedo a lo nuevo, a lo que no estás acostumbrada, sino que tengo miedo a sentir cómo derrumban muro a muro las paredes de mi corazón, y en cada golpe salpicar ladrillos hechos de dolor y mariposas atrapadas… hasta dejarme a la intemperie, donde todos, hasta yo misma, puedan dañarme, dañarme tanto hasta transformarme en el polvo de aquellos muros que una vez construí.
Cada día estoy más convencida y quizás lleves razón y esté enamorada, enamorada del amor.
Cuando vuelvo a la realidad, me río de lo tonta que soy por imaginarme desde hace años y años con alguien, desquebrajándome la cabeza para sorprender, hacer reír, conseguir que se inquiete con una simple mirada… cientos de cosas que podría hacer y que nunca he hecho por miedo, miedo que bloquea cada parte de mi cuerpo.
Ahora tengo mucho miedo, en poco tiempo están derrumbando mis paredes y en cada abrazo que doy explota un ladrillo en el que se triplican las mariposas y divide el dolor, será porque el miedo se está empequeñeciendo y sea lo que sea que estoy sintiendo me da igual lo que pase con ello si con tal de conseguir amar, el amor se vuelva desamor, pero para ser desamor primero ha de ser amor; y si algo he querido sentir en ésta vida es esa sensación, por una vez y aunque no tenga ni principio ni fin, que sólo exista, simplemente con que tu existencia desaparecieron los vacíos.