Sigues suspirando con el dicho de "un silencio vale más que mil palabras". Y yo te respondo: en ése silencio quien habla es el brillo de los ojos.
Y me haces recordar la mirada de la niña de ojos tristes... engañaba y engaña a todo el mundo[menos a mi], les engaña con su sonrisa sublime, nadie se percata de que la misión de esa sonrisa encantadora es contagiar a dicho observador para mandarlo al limbo para así dejar pasar de largo la mirada de la niña de ojos tristes...
En su mirada yo veo incomprensión, dolor, vacío, escasez de contentura, soledad, silencio... mucho silencio; veo a una niña atrapada en sí misma, que no se deja ver con facilidad, se oculta con actos, palabras que despistan y con astucia ataca con preguntas para así evitar ser ella quién las responde para así ir poco a poco desnudándola y dejándola indefensa.
Su mirada también refleja miedo pero a la vez valentía, se mezclan la debilidad y la fuerza, pero vibra más su fuerza que debilidad; me transmite que tuvo un pasado duro y quizás ahora tenga un presente inestable pero está segura de tener claro su futuro.
Me hace pensar, que las cosas que le faltaron, las cosas que le dolieron, las cosas por las que sufrió se le han quedado grabadas en cada vértice de su piel, aunque confío en que lo que tuvo ella evitará que lo tengan las personas a quien ella quiere, les ofrecerá lo mejor de ella, transmitirá la bondad que a poca gente le queda, exprimirá las sonrisas más difíciles de exprimir... hará tanto bien por tanto mal recibido...
Seguiría diciendo tantas cosas de su mirada observándola un simple segundo...
Toda mirada tiene su mensaje que grita a través del silencio, puede que grite una especie de código que sólo los mejores traductores pueden descifrar o puede que no haya ningún código ni ningún mejor traductor sino que solo haya miradas que miran hacia sí mismas, como si frente a ellos les acompañara un espejo en el cuál sólo se reflejan ellos mismos.