A veces, más bien diría muchas veces, mi sangre hierve demasiado, casi en la mayoría de los actos de cada humano.
A dos días de Navidad, esperaba el autobús mientras la lluvia caía chocando contra mi paraguas, contra los paraguas de cada una de las mentes que me rodeaban y suplicaban la llegada del bus. Giré la cabeza y observé cómo una niña sin paraguas se empapaba poco a poco a la espera de poder subir al número 21, miré de nuevo a aquellas mentes, la ignoraban, preferían cubrir sus majestuosas maletas por la lluvia antes que a la niña con uniforme de colegio.
No sé si lo pensé una o dos veces o si aparecí tal cual al instante evitando que esa carita inocente y su uniforme siguieran absorbiendo los choques de las gotas de lluvia, ahora mi paraguas cubría dos cabezas y empapaba una maleta vacía de importancia en comparación con la sonrisa que brotó de la niña, por un momento fue como si toda la lluvia impregnada en su cabello y vestimenta hubieran dado un brinco hacia sus saltones ojos, ya no eran gotas de lluvia sino de emoción.
La Navidad ha pasado y todos hablan de cámaras de fotos, móviles nuevos, videojuegos, dinero... y cuando me preguntan, a mi cabeza viene algo mejor que todo eso, su sonrisa, sus ojos mojados de emoción y de nuevo mi corazón se encoge y en mi brota una sonrisa similar a la suya.
Mundo, el egoísmo sólo os lleva a un único camino, al de sentir cosas desagradables e insaciables; es una pena que estés leyendo ésta entrada y no sientas algo similar a lo que yo sentí con hacer un simple gesto.
Esto no es ningún brote de imaginación mía, me pasó hace 3 semanas y es una pena que no pueda contar cosas como éstas, ya que me tomaríais por tonta o no lo valoraríais y pensareis la "idiotez" que es hacer cosas como ésta, diréis: " tampoco es para tanto", y yo digo : "seguro que si tú te empapases querrías que alguien te cubriera".